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Seguiré la línea trazada desde el sentimiento, uniendo
mi corazón al vuestro, comenzaremos nuestro espiritual recorrido por las
esquinas y plazas de la ciudad, tras la evocación de cualquier
itinerario tantas veces vivido y comentado en múltiples y distintas
ocasiones, cuando la nostalgia del momento adquiere toda la fuerza del
recuerdo.
Sobre la Vía Dolorosa de Ronda, sólo existirá el Cristo y la Virgen de
la particular devoción de cada uno; y una voz que cante, y un corazón
que sienta, y todos los ojos unidos en una misma mirada y contemplar esa
conjunción de luz y color, de pena y alegría, de gracia y belleza y de
ello surge el milagro de nuestra Ronda, de nuestra primavera y de
nuestra Semana Santa.
¡Ronda, sé tú misma!
Y Ronda se vistió de nazarena.
Y Ronda se levanta y entonces sí que se movieron los varales y se
inclinaron las flores. Entonces sí que se cimbreó el Palio porque la
Virgen saltó de gozo y en su cara de pena se vislumbró una sonrisa
porque va a salir a pasear por las calles y plazas de su ciudad.
Ya va a salir el sol de todos, y Ronda que conoce profundamente la
teología y es maestra de saberes, la saluda diciéndole.
¡Dios te salve, María Santísima de la Paloma!
Bajo el cielo azul cautivas
por tus imaginados varales se asoma
la paz en ramos de oliva
bella azucena que cruza
Ronda de orilla a orilla
-¡Ole las morenas guapas!
¡Salve Amargura! Gitana de la ciudad, testigo de excepción del amor de
tus cofrades. Martinete de plata, soleá de pena grande, saeta de
enjundia y seguiriya de arte.
-¡Dios te Salve, Maria Santísima del Rosario! Eres consuelo del que te
reza, Virgen Divina, Flor de Pureza.
-¡Salve, Virgen de las Tristeza! Que con sólo mirar tu cara, eres capaz
de levantar oleadas de alegría, porque vas dando lección de amor y
consuelo con cada una de esas benditas lágrimas que chorrean por tus
mejillas.
-¡Adelante por siempre, Esperanza! Tú sabes que Ronda te necesita y por
eso avanzas repartiendo gracia y esperanza a este pueblo que te adora.
-¡Salve, Señora del Mayor Dolor!, porque traspasas nuestros corazones
con la elegancia de tu sentimiento.
-¡Salve, Virgen de las Penas!, que entre plegarias e incienso que te
ofrecen tus cofrades, vas viendo la cruz donde va a expirar tu hijo.
-¡Bendita seas mil veces, Señora del Buen Amor!, que con la gracia de tu
cara y la hermosura de tus manos, derramas cariños divinos a todo el que
te sigue.
¡Dios te salve, Virgen de los Dolores! Porque al salir de tu barrio has
quitado el aroma de los azahares para desde tu exquisito “paso” de
Palio, perfumar a Ronda entera.
-¡Salve, Virgen de las Angustias!, que levantas suspiros de admiración
cuando por tu pueblo pasas y andando despacito a tu lado se oye el
“quejío” de tu corazón de Madre.
-¡Nuestra Señora de la Soledad! ¡Dios te Salve!, porque imploras al
cielo y muestras entre los plateados varales de tu Palio, tu perfil
único de generosidad.
-¡Salve, María Santísima en la Soledad!, que estás bajo la Cruz vacía en
el Monte Calvario. Enséñanos, Señora, a mirar a tus bellos ojos para no
sentirnos nunca vacíos y en soledad.
-¡Salve, Virgen de Loreto! Bendícenos con tu gracia soberana en esta
alegre mañana de Gloria y júbilo.
-¡Salve Ronda! Porque eres la Tierra de María Santísima .
Sí, queridos cofrades, Ronda es tierra de María, pero además de estas
advocaciones de nuestras Dolorosas, los cofrades tenemos otras Madres,
siendo la primera nuestra querida Patrona, la Santísima Virgen de la
Paz, la que dispersa a los soberbios, derriba a los poderosos y enaltece
a los humildes. Virgen Auxiliadora de los afligidos, salesiana y tan
querida y venerada en Ronda. Virgen de la Aurora, honrada con cantos de
alba y aurora. Virgen del Rocío, Blanca Paloma del cielo, donde tantos y
tan buenos rocieros van a postrarse a sus pies, y mi Virgen de la
Cabeza, reina de Ronda y su Serranía. Ella es también la reina de mi
corazón.
Permitidme que por un momento el recuerdo y la añoranza se apoderen de
mí, al recordar aquellos años de niñez, cuando no existían estos
magníficos cuartos de baño que hoy tenemos, menos aún en los pueblos.
Los que son de mi edad y mayores que yo, recordarán como nuestras madres
nos daban un flete de aquí te espero, en aquellos baños de zinc que
servían de bañera y con aquel cacillo utilizado como mango de ducha
inalámbrica. Nuestras madres después de dejarnos como los chorros del
oro y mientras nos ponían el escapulario, normalmente de la Virgen del
Carmen, nos enseñaban a decir una oración dedicada a la Virgen María y
cuyo autor fue el insigne rondeño Vicente Espinel Adorno, ésta decía
así:
El que la sepa puede decirla conmigo…
Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea,
en tan graciosa belleza.
A ti celestial princesa,
Virgen Sagrada María
te ofrezco en este día,
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
No me dejes, Madre mía…
.
El “paso” del Señor ha empezado a moverse en el aire limpio de Ronda. La
verdad es que no vibró ni una flor, ni se notó siquiera en las rectas
llamas de los cirios que alumbran. Los faldones, apenas se ajetrearon y
los candelabros, ni siquiera se movieron. Subió solo, como movido por
los ángeles, para que Él no sufra.
Encima de Él, el Cielo rondeño. Unas veces cerca porque va en alto,
Crucificado, como el Cristo de la Sangre y el Cristo de los Remedios,
otras más lejos porque va encorvado bajo el peso de la Cruz, así camina
el Señor del Perdón y el Señor de Ronda; y otras, a medias, porque va
contemplando en sus misterios su Entrada Triunfal, la Traición, la
Presentación, el Prendimiento, la Sentencia o el Cáliz amargo.
Como base siempre el clavel y el lirio, porque Ronda ha quitado las
piedras del camino… Pero… lo que son las cosas… Cristo va a salir a
pasear por la ciudad y va a ir tropezando en piedras y clavándose en
espinas. ¡Que contraste!
Parece como si durante todo el año el cofrade lo mantuviera oculto, pero
no para que no le vean, sino para que Él, no vea lo que hay a nuestro
alrededor.
Y hay indiferencia a lo sensible.
Envidia a raudales.
Intolerancia y mucho apego al amor propio.
Hay injurias y calumnias para el que brilla por iniciativa propia.
Hay soberbia y hay orgullo. Hay falsedad.
Hay falta de cultura…
Cristo va a darse de cara con muchos Pilatos. Aquellos que se lavan las
manos ante la violencia hacia la mujer y los niños.
Va a notar a los puritanos de la forma; a los que quieren conservar las
cosas tal y como están, porque en este estatismo está la tranquilidad de
su holgazanería.
Va a entrever a los fariseos, a los Judas que amasan la fortuna de la
deslealtad.
Y va a sentir, y esto es triste, el miedo de los que aman, de los que
dicen ser sus discípulos, de los que tienen la obligación de marcar los
caminos con su ejemplo y su lección. Y entre ellos estamos nosotros, los
que somos de su escuela y nos llamamos cofrades.
Son momentos para la reflexión y la contemplación. Por eso, no son pocos
los que reniegan de este tipo de actos, tal vez porque tienen miedo a
entrar dentro de sí mismos.
La Semana Santa será un buen momento para adentrarnos por los senderos
siempre personales de la reflexión, en busca de posibles ajustes en la
maquinaria ética y moral de nuestra vida.
Es necesario calar hondo, muy hondo, llegar a su verdadero sentimiento,
sin que los ojos se nos queden parados en la luz de una candelaria, en
los bordados de un manto o en la gracia de unas flores; sin que el oído
se detenga sólo en la melodía de una marcha procesional; sin que la
mente y el sentido se adormezcan en esa amalgama de aroma del incienso,
la cera o el clavel.
Todo eso es bueno, es grato, es admirable, porque constituye la forma
que tiene nuestro pueblo de expresar su religiosidad. Por eso nos gusta,
nos seduce y aviva el sentimiento.
Pero… es preciso profundizar más, hay que conseguir que no sea sólo la
vista, sino la inteligencia y el corazón, alumbrados por la llama de la
fe, los que sepan calar en el verdadero sentido del misterio pasional
que representan nuestras imágenes.
Con ellas realizamos nuestra particular Estación de Penitencia.
La Hermandad está en la calle: es el momento culminante y convergente de
todos los momentos y afanes de un año de vida intensa.
Y en una mañana luminosa, a la caída de la tarde o en la hermosa
rotundidad de la noche, por las puertas del templo, al cobijo de unos
toldos o de una Casa Hermandad, saldrás con tus Sagrados Titulares,
perdida en el anonimato de la túnica y en el diálogo íntimo y personal
con tu Cristo y con tu Virgen.
Aunque sabemos que pueda haber quien nos juzgue con ligereza y
superficialidad, no seas tú, cofrade, el motivo justificado de ese
juicio. Recuerda que aún siendo lo importante el sacrificio y el amor de
todo el año, lo exterior tiene extraordinaria importancia porque no
olvides que, por lo que hagamos un Domingo, un Lunes, un Miércoles, un
Jueves o un Viernes Santo, juzgarán la intensidad de nuestra vida
cofrade el resto de los días. Por lo tanto, cuidemos de manera especial
nuestro comportamiento en las calles durante los desfiles procesionales.
De Domingo a Domingo, una semana de corazón, de alma, de pasión. Es la
Pasión según Ronda, que no es otra cosa que una historia de amor,
revivida, por obra del arte y de la gracia, por la mano del hombre y de
la diosa naturaleza, en un marco incomparable y único. Es un canto de
amor, un canto salido del alma.
Que canten todos los niños
Que todos digan hosanna
En coro de serafines
Alegrando la mañana.
PARTE 2ª
PARTE 3ª
PARTE 4ª
PARTE 5ª
PARTE 6ª
PARTE 7ª
WEB DE RADIO
RONDA DEDICADA A LA SEMANA SANTA.
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