PREGÓN OFICIAL SEMANA SANTA 2006. DOMINGO 2 DE ABRIL .

MARÍA JESÚS BECERRA. PREGONERA.

TEATRO MUNICIPAL VICENTE ESPINEL 12:00

PARTE 7ª


PASCUA DE RESURRECCIÓN

Alegrémonos todos, porque Cristo ha Resucitado, que la Resurrección de Cristo represente para todos los cofrades la mayor alegría de nuestras vidas; vana sería nuestra fe, si Cristo no hubiera Resucitado. Que ésta nos sirva para crucificar en nuestras cruces todo el egoísmo, la cobardía de la que muchas veces hacemos gala, la soberbia, la falta de perdón al hermano, en fin, todas esas cosas que nos empequeñecen, para poder resucitar un día con Él.
El Cristo victorioso nos sorprenderá en cualquier resto de cera, en la flor de una canastilla que aún queda abierta, en la alegría del efímero grandioso de este Domingo señalado, de puertas abiertas de par en par por las que se destila el olor a incienso quemado y a libros de registro de hermanos y en cada besapié para decirnos, antes de ascender a los cielos que, regentan cofrades que se fueron para siempre, que hay que predicar el Evangelio, que el verdadero cofrade ha de comprometerse con Dios, en un único camino de fe y perdón que salva a la persona…
Y mirando a María, la de los Estudiantes y la que cobijó la Paloma entre sus manos y también un Rosario de Misterios Dolorosos y se hizo Amargura y Consuelo de las Tristezas y también María de las Penas y Reina del Buen Amor, de los Dolores y Angustia por su Hijo y Soledad en Ronda, y Loreto en San Francisco. Y mirándolas se nos escapará la última lágrima llevadas por la emoción y pediré salud para poder ver la próxima Semana Santa.
Semana Santa rondeña que es una simbiosis de arte y tradición, devoción popular y catequesis; ha ido creciendo con el tiempo, se ha enriquecido de “pasos”, de gestos…, con la esperanza de que continuará en el futuro, ya que no se acaba nunca aquello que está arraigado en el alma. Han surgido Hermandades con una vitalidad joven y pujante, gracias al trabajo de hombres y mujeres, renovando la belleza exterior y revitalizando la tradición porque se renueva la vida interior; no es atracción turística, sino reclamo de fe; incluso para aquellos que distante de la práctica religiosa, se maravillan ante la serenidad de Ntro. Padre Jesús Nazareno o se conmueven ante la honda expresividad de la Virgen de las Angustias…
Es ahí, sin pronunciar palabras, tímidamente, a veces como queriendo jugar a un juego de indiferencias y distancias, incluso disimulando la emoción, donde tiene lugar la Semana Santa oculta, pero también verdadera, la del secreto de la conciencia, donde sólo Dios puede entrar sin violentar el misterio de la persona y su libertad.
Hemos vivido de Domingo a Domingo, una semana de corazón, de alma, un camino estremecido de emociones hacia la Pascua. Y…
Sigamos por esta senda
a ver que luz encontramos
Esa luz que está en la tierra
y que nosotros apagamos
Señor de los espacios infinitos,
Tú que tienes la paz entre las manos,
derrámala Señor te lo suplico
Y enséñale a amar a mis hermanos.

Se apagarán las luces, crepusculares de sombras.

Y se irá silencioso el visitante como un río indiferente… parecerá dormida la ciudad, cansada de los factos pasajeros… quedará la memoria fugaz de los recuerdos, de un tiempo y una gloria efímera… la tierra despoblada de banderas. Y el mañana…

Se quedará Ronda varada en su intangible grandeza… y de nuevo, un incesante aleteo irá despertando un jubilo cercano y repetido… cabildos y quinarios, triduos, juras y papeletas de sitio… no es ninguna aventura. Es la vida. Es la Ronda verdadera que empieza a trazar tras la Aurora de la resurrección, una nueva Semana Santa.
Y a contar los días… y a elevar esa oración inacabada hasta que la esperanza incandescente de la cera cristalice en esbelta oración.
Y la primera Cruz de Guía, de nuevo en el Socorro; y de nuevo esa constelación de vida jubilosa, trémula de espera, de estos locos de amor por Dios y por María.
Ahora, Señor, que me has permitido asomarme a los umbrales de la Ciudad Soñada… Ahora que te pido licencia para sentirme cofrade rondeña… Ahora que mi voz cansada da paso a la primavera… Ahora, Señor, desde el recuerdo sosegado de mi sierra…
Ahora, Señor, ¡puedes llamarme cuando quieras!
Que Dios les bendiga
Muchas gracias.



 

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