PREGON HERMANDAD SACRAMENTAL DEL SANTISIMO CRISTO DE LA SANGRE Y NUESTRA SRA. DEL MAYOR DOLOR.

31 DE MARZO 2006. OFRECIDO POR D. FRANCISCO DUARTE EN SANTA MARIA LA ENCARNACIÓN LA MAYOR.

Acto presentado por el Hermano Sr. Hernandez, Presentación del Pregonero, D. Victoriano Borrego. Pregón Ofrecido por el Caballero Horquillero D. Francisco Duarte.Buenas noches, antes de nada, quiero dar la bienvenida y agradeceros a todos vosotros aquí presentes por acompañarme a este entrañable acto, a la Junta de gobierno de mi Hermandad, a las representaciones de las distintas Hermandades que hoy nos acompañan, autoridades presentes y en definitiva, a todos vosotros, queridos hermanos del silencio. Así mismo, quiero agradecer a mi Junta de gobierno, por darme tan alto honor de ser pregonero de mi queridísima Hermandad, y en especial a mis hermanos cofrades Juan Cruz, por su osada propuesta en su día, para que esta humilde persona fuese pregonero de la Hermandad y a Antonio Hernández que, haciéndose eco de la propuesta me lanzó este entrañable y emocionante reto, espero no defraudaros por ello. La verdad es que no soy persona que me distinga por mi elocuencia y de ello soy consciente. No me destaco, como sabrán muchos de los aquí presente, por mi religiosidad, o mejor dicho, por mi apego a los actos y los cultos religiosos, algo inherente y consustancial con esta conmemoración a la que nos acercamos.Tampoco veo que yo tenga esa vena de poeta que se necesita para referirse a algo tan hermoso y de tanta riqueza artística como es la Semana Santa, vena poética que sí demostró tener mi buen amigo, hermano del silencio y antecesor, en estos menesteres Victoriano Borrego.
 

Es cierto que grandes pregones en boca de sus oradores me han precedido, ahora le toca a este servidor de Uds., espero me sepan disculpar, si en algún momento los nervios de subirme a esta tribuna me fallasen Igualmente quiero agradecer las palabras del presentador, el cual y debido al afecto que en mi persona tiene, y a las formas que el acto implica, ha exagerado las virtudes de este pregonero, gracias Vito, aunque creedme, os aseguro que hay mas defectos que virtudes.
De la misma forma, quiero enviar un fortísimo abrazo a mi buen amigo y hermano de Silencio, Paco Mena. Esperamos todos tu pronta recuperación y verte nuevamente presentando, como tú lo sabes hacer, éste y otros actos de tu Hermandad, para lo cual le pido a nuestro Cristo y a la Virgen, te echen una mano.
También y como no podía ser de otra forma, quiero dedicar este pregón a unas personas muy especiales para mí, a Conchi mi esposa, que con su cariño, apoyo y complicidad ha estado en todo momento a mi lado, así como aportando su magisterio en la ayuda para la confección de este pregón, a mis hijos Alejandro y Álvaro, sucesores míos de carga en el paso y portadores del espíritu cofrade que al igual que en su día su abuelo nos lo transmitió a mi hermano Juan y a mí, yo de la misma forma se las transmití a ellos. Y como no, de una forma muy especial y entrañable a D. Juan Duarte, mi padre, el que lo ha sido todo por y para la Hermandad no puede estar con nosotros en este entrañable y emotivo acto, debido a su enfermedad y ver a su hijo aquí ante vosotros, compartir a través de este pregón lo que tantas veces el pregonó con sus formas de hacer, decir, sentir y compartir nuestra Hermandad, aunque no me cabe la menor duda, Juan Luarte, como diría nuestro también querido y entrañable “Pedrito de las cañas”, está a mi lado, conmigo y con muchos de vosotros, aquí en su Santa María la Mayor, ante su Cristo y su Virgen. A él le debo todo lo que soy en la actualidad, a él sin lugar a dudas se debe que hoy ocupe el sitio y lugar en el que me encuentro.
Como no podía ser de otra forma va por ti, papá, gracias por todo.
 

Según el diccionario de la Real academia de la lengua española, la acepción para el cometido del pregonero es la de: Oficial público que en alta voz da los pregones, publica y hace notorio lo que se quiere hacer saber a todos.
Sería por mi parte presuntuoso, hacer saber, por lo menos a la mayoría de los aquí presentes, lo que es nuestra Hermandad, el espíritu que llevó a sus fundadores a crearla apoyándose en las dos magníficas imágenes de nuestros santísimos titulares, el Cristo y la Virgen, ya que en esto de los sentimientos cada uno lo percibe, lo vive y por tanto lo lleva de una manera muy especial, cada uno somos como somos pero sin olvidar ese espíritu, espíritu de pocos alardes, y pomposidad y sí de humildad y solemnidad de lo que por lo menos para mí representa ser cofrade y contar con el orgullo de ser hermano de la Hermandad del silencio.
Entre mis vivencias y deseos, entre mis realidades y mis sueños, he estado buscando los mejores argumentos y formas de expresión con los que yo fuera capaz de presentaros mi mensaje, para que, sumado al de los pregoneros que me han precedido y al de los que me seguirán, ennoblezcamos y revitalicemos, todos juntos y cada vez más, la Semana Santa de nuestra Ciudad, y en especial, como es el caso que nos ocupa de mi Hermandad, no sólo en su aspecto formal, sino también en su más profunda significación social y cristiana.
De ahí que las palabras que os dirijo, de corazón a corazón, llevan el propósito de sacar a flor de piel ese sentir que como antes dije cada uno de nosotros, lo percibimos de manera distinta, pero sentir que en resumidas cuentas nos hace participes a todos de la Hermandad en mayor o menor grado de compromiso con ella, y por supuesto con la sociedad actual.

Compromiso éste que, sin pretender por mi parte que se constituya en sentencia, líbreme Dios, sí creo que debe estar siempre presente en nuestras conciencias ciudadanas, particularmente de quienes habéis venido a participar de este Pregón, preludio de nuestra Semana Santa, y en particular de los actos de la Hermandad, la mía, la de mi Cristo, lo que es señal inequívoca de que hay sensibilidad espiritual y vida interior en vuestros corazones, que deben latir al unísono, constituyendo así, el gran corazón de nuestra Hermandad.

¿QUÉ ES SER HERMANO DEL CRISTO DE LA SANGRE Y NUESTRA SEÑORA DEL MAYOR DOLOR?

Como ya dije antes, en esto de los sentimientos, cada uno lo lleva, lo vive y por lo tanto lo demuestra de una forma muy particular, pero esta noche, en este acto, y ya que se me brinda la oportunidad, me gustaría compartir con vosotros la siguiente pregunta: ¿qué es ser hermano del Cristo de la Sangre y su madre, la Virgen del Mayor Dolor?, la del silencio o la de las cadenas como algunos popularmente la denominan en nuestra Ciudad.

¿A caso desfilar el Miércoles Santo, ataviado con la túnica y portando el atributo de turno?
¿Jactarnos de lo bien que lo hemos hecho en un determinado tramo?
¿Presumir de no se cuantos penitentes salimos en el acto penitencial del desfile?
¿Calidad o Cantidad?
Con respecto a esto último, no necesariamente tienen por que ser incompatibles estos dos concepto, pero sí sería deseable, pienso yo, una Hermandad de calidad, frente a otra en la que una cantidad ingente de “hermanos entre comillas”que digan pertenecer a tal o cual Hermandad, sin tener claro lo que esto conlleva, es decir, participar solamente en la estación penitencial, con más o menos rigor en la observancia de las normas de ésta y poco más.
Claro está, que ahí está parte de la gran labor del verdadero cofrade, haciendo participar y contagiando ese entusiasmo, que le hace diferente del resto, para lo cual, nada mejor que promover a través de lo que, como a mí me gusta llamar “ratitos de Hermandad”, esos ratitos, que de una forma esporádica, surgen en los sitios mas diversos. En la mayoría de las ocasiones, sin tener nada que ver, con temas propios de la Hermandad, pero que de forma subliminal, nos envía un mensaje de hermanamiento y espíritu cofrade. Para mí, es donde realmente la calidad puede tender en un futuro la mano a la cantidad.

Igualmente, quiero creer, y así lo deseo desde "mis más profundos cimientos", que estas manifestaciones populares de fe, no sean una simple y pasajera oleada de la moda, hacia la que nos sintamos arrastrados desde el exterior, sino que obedezcan a un impulso interno de identificación con nuestras propias formas de creer, entender, sentir y vivir, pues no en vano nuestro caso es uno de los pocos en los que una imagen de la Pasión es elegida por Patrón, o como narra nuestra tradición: en que una imagen de Pasión, elige al pueblo que quiere que le venere y éste decide nombrarle para siempre su Dios y su Rey.

Quiero aprovechar también la oportunidad que se me brinda desde esta tribuna, para llamar la atención de nuestra juventud cofrade; quiero hacer un llamamiento precisamente a esa juventud de nuestra Hermandad, para que pongan de su parte un granito de arena y continúen con la labor que sus antecesores hicieron. Ellos son el futuro y herederos de nuestra Hermandad y nosotros, los que tenemos la obligación moral de así hacérselo entender, haciéndoles participes de proyectos, ilusiones, preparándoles el camino con motivación para los que serán en el futuro y el relevo nuestro.

Y hablando del futuro, es cierto y así lo podemos observar que nuevos tiempos y aires renovadores corren en la Hermandad, esto es bueno ya que cualquier sociedad anclada en el pasado bien sea por comodidad, negligencia o apatía, sin contribución activa en la construcción de su propia historia, está abogada irremisiblemente a su desaparición.

Pero no por ello hay que olvidar ciertas tradiciones y costumbres, sello y legado de nuestros predecesores y que a la postre fueron las que imprimieron el carácter y la idiosincrasia de nuestra Hermandad.
Hoy nosotros tendríamos que preguntarnos, ¿qué significado tenía para la gente de entonces? ¿Qué significado tiene ahora, 50 ó 60 años después?.

Lo cierto es que el tiempo ha pasado. Es posible que en la mente de muchos, tanto ausentes como aquí presentes, aún estén vivas aquellas calles, aquellas gentes, aquellos lugares de la antigua Ronda; el recuerdo de la propia participación o el de familiares y amigos que ya nos dejaron porque se fueron a otros pueblos o pasaron a una vida distinta; la angustia de los malos momentos o la alegría y a la vez añoranza de otros más agradables y placenteramente vividos.

Son cosas propias de todo tiempo. Y con el paso de éste algo de nuestra personalidad, de nuestra idiosincrasia y de nosotros mismos se ha transformado o se ha ido; y que, queramos o no, lo hemos perdido: montajes de toldos, traslado y posterior montaje del trono, salida y encierre del desfile procesional. En resumen, nuestra vieja Semana Santa y nuestra lejana vida, que poco tienen que ver con las actuales pero que, en el fondo, echamos mucho de menos.

Y eso es lo malo, , que las tradiciones mueran y se pierdan así porque sí, sin que se propongan otras alternativas de igual o mayor valor que puedan reemplazarlas dignamente. Y eso, o por lo menos así lo cree este hermano del silencio, significa la pérdida, en parte, de nuestro patrimonio artístico y cultural, de nuestra capacidad de expresión y, sobre todo, de nuestra voluntad de acción.

Coincido plenamente con lo dicho en una ocasión por Javier Pérez de Albéniz, columnista del diario el Mundo cuando dice que: retroceder en el tiempo nos separa por un momento de la realidad actual y nos permite tener un conocimiento directo y fiel del pasado. Y comprender el pasado es alejarnos de esa pequeña muerte diaria que es la ignorancia, la cual nos impide recordar errores cometidos, en su día, y de igual forma los logros obtenidos, frutos éstos del trabajo, tesón y esfuerzo de tantas personas para lograrlos, por lo tanto, pienso que sería una pena relegarlos al olvido, así sin más, matando la memoria de todas esas gentes que en su día se dejaron la piel en el empeño por conseguirlo, y lo que es más importante, hacernos llegar a todos hasta nuestros días, nuestra querida Hermandad del silencio.

Entiendo, o por lo menos así quiero creerlo, que estas costumbres o tradiciones, las asumimos procurando elevar dignamente el estilo de vida, desde nuestras limitaciones humanas, para que no permanezcamos inmovilizados a través del tiempo, si no que con renovado afán de superación leguemos a quienes nos suceden, nuestra mejor manera de pensar, sentir y hacer, construyendo así el presente y preparando un futuro más prometedor, que llegue a ser rica historia. Para esto, nada mejor que la participación en mayor o menor medida de forma activa, como verdaderos cofrades de nuestra Hermandad

Por todo lo anterior dicho, este servidor de la Hermandad, quiere recordaros, que nuestro lema es un fantástico báculo, sobre el cual nos debemos apoyar, para recordarnos lo que somos capaces de afrontar; ¡ahora empiezo!, es decir cada día, sin notoriedad aparente y como nos legaron nuestros mayores, con humildad, estando presente cuando la Hermandad te llama, sin entrar en más razones, que la razón propia del corazón, sin que lo que uno haga o deje de hacer haya que alardearlo, sin que los motivos personales se interpongan, en definitiva, porque el Cristo y la Virgen nos quiere ahí, en ese momento y disponibles a cualquier hora, para llegar a la otra parte del lema, sabiendo y teniendo la satisfacción personal que todo cuanto uno hace, ha puesto todo el empeño y la voluntad de hacerlo, para llegar a lo más alto que uno puede llegar, dándolo todo, de corazón, poniendo toda la pasión, valentía y pundonor de lo que uno es capaz de dar y lo que es más importante, transmitir, tratando de superar las limitaciones que cada uno tenga, es decir, ¡hasta la cumbre!.
 

COMPROMISO COFRADE
Sin pretender sentar cátedra alguna, ni desviarme del auténtico sentido de lo que debe ser un Pregón, convirtiéndolo en una especie de sermón o presentando a este mundo nuestro como un mundo de místicos santurrones que está muy lejos de ser realidad, y aprovechando el lugar privilegiado en el que me hallo para recordar y compartir con vosotros, lo que este pregonero cree debe ser en la actualidad mi Hermandad y el verdadero objetivo que debe perseguir.
Creía que había que ir desterrando de una vez para siempre esos conceptos trasnochados de algunos, que hacen aparecer a las Hermandades como simples lugares de tertulia o afición, y a las cofradías como un bello y anacrónico espectáculo que atrae la atención del turismo y convierte simplemente en fiestas mayores de nuestra ciudad la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
Sin embargo, y a pesar de que haya aún quien comparta esa opinión, nosotros los cofrades del Cristo y en general de todas las Hermandades y cofradías sabemos de la existencia, en todas y cada una de ellas, de grupos de auténticos hombres y mujeres comprometidos, con las ideas muy claras y que saben perfectamente el camino que han de seguir, que no es otro que el de vivir la fe de Cristo durante todo el año, transmitirla a sus hermanos, y un día, el de su estación de penitencia, dar público testimonio de ella.
El cofrade actual debe ser consciente de su misión evangelizadora y conocer íntimamente el mundo marginado de hambres y miserias cercano a esta sociedad en la que vivimos, y a veces de nuestra propia Hermandad, para convertir la Caridad en nuestro principal estandarte, ya que creo que a los católicos nos sienta bien la caridad.  Pero como cristianos, convendría que buscáramos más la justicia, que no es lo mismo, aunque tenga mucho que ver. En el fondo, a los católicos nos convendría ser un poco más cristianos de lo que somos. Pero ese es otro debate. Resulta alentador comprobar el grado de compromiso de mi Hermandad, y la unión que existe con otras al asociarse en fundaciones y cometidos que atienden determinadas funciones de tipo social en beneficio de los más necesitados.

Por lo tanto, considero obligado citar y alabar públicamente la idea de llevar a cabo y hacernos participes a todos los hermanos del silencio de tan loable proyecto del apadrinamiento de niños desafortunadamente desfavorecidos por las avaricias de un mundo donde la apatía y la falta de valores morales y éticos, nos condicionan y en consecuencia abocan a esta gente a la más desesperante forma de sobrevivir día a día. Esperemos y a si sería deseable ver cumplido el buen fin. Objetivos como éste son lo que realmente engrandecen a una Hermandad.
Es así en esta interminable Hermandad que recoge la noche del Miércoles Santo, desde el guión y la Cruz de Guía al último penitente de la Sangre de Cristo y su madre del Mayor Dolor. Gracias a esa fraternal relación se logra transmitir la esencia y los principios más elementales de la Hermandad en la noche del Miércoles Santo, traducido todo esto en atender las necesidades y la soledad de unos hombres, mujeres y niños que viven en un mundo aislado y del que pocos se acuerdan.
Somos muchos los que tenemos que agradecer a la Hermandad del Silencio el habernos enseñado que con trabajo, sencillez, humildad y sobre todo amor todo es posible, que sólo potenciando la Caridad desde la Acción Social en todas sus formas pueden hacerse realidad las palabras del Evangelio de San Mateo: "cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos".
A la Hermandad debemos un estilo de vida, que nos hace afirmar con orgullo: "Soy del Cristo de la Sangre y nuestra Señora del Mayor Dolor". Cristo a la medida de Ronda
Creo, sin temor a equivocarme que el Cristo de la Sangre, el de Ronda es un Dios cercano representado con majestad divina pero con semblante amable y humano. Personalmente veo que su rostro es el rostro de cualquiera de nosotros, que es lo que Dios quiere para su representación. Desde Jesucristo, Dios ya no es igual. Otras tradiciones tan lejanas como hermosas representan a un Dios inasumible, difuso, distante. Ronda, en cambio, quiere que el cristiano vea a Dios como si se estuviera viendo a sí mismo.
Poco podía imaginar el sevillano Pedro Duque Cornejo la trascendencia de los giros de su gubia cuando allá por el año de 1.737 daba forma al Señor de Ronda en su inmenso poder y en su inmensa ternura. Siglos después, su aspecto apesadumbrado, humano y sencillo sigue conmocionando a los fieles que, sin ser místicos, le aman y, sin idolatrarle, le veneran. Cuando veo a mi Cristo y me acerco a él lo hago como aquél que llega a casa de un familiar querido, con mezcla de veneración y proximidad, pues siendo Dios el poder, también es la ternura. Ese Dios que los diferentes artistas imagineros nos han ido legando a través de los siglos ha sido un Dios del que se muestra su Pasión en toda su crudeza, pero también con toda la mansedumbre que un personaje tan excepcional como Jesús exhibió a lo largo de su vida. Poder, pero Amor; Divinidad, pero humanidad; Dolor, pero serenidad. Y humildad, y paciencia, y clemencia, y salud, y desamparo, y abandono. Es el de la Sangre, pero el de la Buena Sangre.

Madre mía del Mayor Dolor
Y que hablar de su Santísima Madre, la nuestra, la del Mayor Dolor, no me cabe tampoco la menor duda que inspiración divina guiaron las manos artesanas del granadino Alonso Cano, del que se le supone su autoría, para tallar a la que como a mí me gusta llamarla, la Madre de Ronda, madura y generosa en sus trazos y formas, dulcemente envejecida, angustiada en el mayor dolor que puede sentir una madre ante el trato vejatorio que tan injustamente recibe su bien más preciado, su hijo, nuestro Cristo, asumiéndolo de una forma estoica e imperturbable, como sólo una madre, es capaz de asumirlo, con la entereza y la más sumisa abnegación. Entereza y abnegación infinitamente dolorosa.
Este pregonero, que tiene la inmensa fortuna, no sólo de llevarla portándola bajo los varales, si no en los distintos traslados que ella precise, siente y percibe la confortable paz, serenidad amor y protección que toda madre de forma altruista y generosa es capaz de dar a un hijo; sí, lo sé, no soy objetivo, ni quiero serlo cuando hablo de mi madre, la de todos, la del Mayor Dolor. Recuerdos y Vivencias
Viene la parte más difícil de mi pregón, ya que contar mis recuerdos y vivencias en la Hermandad del Cristo de la Sangre y Nuestra Señora del Mayor Dolor, creedme, es labor complicada. Por que uno se plantea como contar las emociones vividas a lo largo de su ya dilatada andadura por la Hermandad del Silencio y plasmarlas en unas hojas, son tantas y la mayoría de ellas guardadas en lo más íntimo de mi memoria o mejor dicho de mi corazón, que aunque se me vengan a la memoria, es tal la cantidad, que la pobre pluma del que os habla, se atragantaba, y las hojas de papel quedaban en blanco como resultado.
Es un hecho cierto que la Semana Santa forma parte inherente de mi propia vida, porque en mi casa, en la casa en la que yo me he criado, se "Mamó" de una forma muy especial ésta y en particular la Hermandad del Cristo de la Sangre.

Desde que tengo uso de razón, siempre he visto a mi padre compaginando su trabajo laboral con el de la Hermandad, desde mi madre en casa preparando túnicas, pañoletas, cinturones, hasta en lo que para mí, y para muchos de los que estáis aquí, fue la primera casa de Hermandad, la tienda, que era como se conocía en el ámbito de la Hermandad a “Pañerías González”, trabajando de una forma siempre altruista y generosa para la Hermandad recuerdo a mi querida Encarnita, hoy ya para pena mía fallecida, aunque sé que para alegría de los que la conocimos, está con su Cristo y su Virgen, Manolo González, Manolito el de Pañerias, siempre pendiente a todo lo concerniente a la Hermandad, mi padre, confeccionando lo que fue el primer cuadrante del paso y tallando al horquillero que pasara por la puerta de la tienda, con un artilugio de su creación, sobre el espejo del probador, al que considero Hermano Mayor de la Hermandad a perpetuidad, Miguel Loro, igualmente nuestro consiliario a perpetuidad, .mi querido y entrañable D. Antonio Gamboa, Manuel Ramírez Lorente, Pedrito, chico.....y a otros tantos, los cuales mencionarlos a todos, daría para un montón de hojas, a la sastrería de la tienda, confeccionando aquellas capas que durante algunos años salieron en el desfile procesional, y todo ello entre venta de trajes y camisas, y tiempo de familia, todo ello, por un puro acto de fe y pasión por lo que hacíanComprenderéis y así lo quiero manifestar, que este pregonero desee rendirles a modo de reconocimiento, por toda una vida dedicada casi con exclusividad diría yo, un pequeño homenaje desde donde me encuentro a esa primera casa de Hermandad, como antes dije, y a sus gentes, ellas marcaron mi sentir cofrade y mi puesta de largo en la vida como persona, hombre, esposo, padre e hijo a la vez, gracias.
Como antes dije, desde chico, desde muy chico, recuerdo a mi padre y a esas personas antes mencionadas y a otras tantas más, todas gentes del Cristo, siempre participando, tomando decisiones y solucionando in-situ los problemas y las circunstancias que de alguna manera la Hermandad demandaba en esos momentos. Todo lo antes dicho, me hace caer en la cuenta de como los recuerdos se obstinan en presentarnos una bella realidad, que contiene su encanto, simplemente en que éramos más jóvenes, y a mí, como a todos, también se me presentan como un bello recuerdo aquellas situaciones y momentos de antes.
Recuerdo, que siendo muy chico me impresionaba esos penitentes de túnica negra y pesadas cadenas, con la visión angustiosa del miedo, propia de la edad, para después y con el paso inexorable del tiempo, me enteré de que eran hermanos de promesas realizadas, por favores o peticiones a nuestros Santos Titulares. Me acuerdo como la noche del Martes Santo, se vivía con nerviosismo, debido al inminente montaje del trono, hasta que mi padre nos ponía a mi hermano Juan y a mí en pie, para primero recoger a Miguel, el carpintero y luego , los cuatro, dirigirnos de madrugada hacia Santa María la Mayor, donde D. Vicente Becerra, vocal de culto y sacristán de Santa Maria, nos esperaba en el sotanillo de la colegiata con el agua caliente para el café de pucherete y las copas de anís que reconfortaran del frío de la madrugá a los pocos hermanos que por aquel entonces acudíamos al montaje del trono. Recuerdo igualmente, como durante el desayuno de después del montaje del trono, Vicente Becerra nos dirigía unas palabra de cómo debía de ser el hermano del Cristo, mientras los comensales teníamos que estar con ojo avizor, si no queríamos que el café estuviese salado, debido esto a la mano bromista de Manolo el de Pañerías. Como no hacer mención en este andar por los recuerdos a la entrañable jaulita, en la actualidad y desde hace ya bastante tiempo, parada previa y obligatoria, donde Miguel, que Dios lo tenga en gloria y Mari Carmen, ya esperaban a la gente del Cristo, como a ellos les gustaba llamarnos, para tomar el cafelillo y la uvita, antes de empezar la faena. Y son en esos sitios donde se producen, como dije al principio, esos ratitos de Hermandad donde las nuevas generaciones, se estrechan con las no tan nuevas y se empapan todos de Hermandad y donde el sentir cofrade se pone de manifiesto, o por lo menos a si lo siente y lo vive servidor de Uds., en toda su expresión de hermanamiento con la buena gente que le rodea y le une una misma pasión y devoción, nuestra Hermandad.
Se me viene a la memoria un fatídico año, el cual durante el montaje del trono , este pregonero, que por aquel entonces empezaba a sentirse hombrecito, y creer dominar todo cuanto se le pusiera por delante, se accidentó de forma grave en la plaza del Ayuntamiento, pasando la estación de penitencia ese año en el antiguo hospital de Santa Bárbara, donde los médicos esperaban un milagro, que me restaurara a la vida, milagro que ocurrió, cuando según me contaron y al mando del paso de D. Manuel Ramírez Lorente, suplente de mi padre detuvieron y giraron el paso hacia el antiguo hospital, en un acto de fe, por mi pronta recuperación, como así fue al día siguiente. ¿Milagros de Cristo?, ¿coincidencias?, ¿fortaleza propia de la edad?, no sé, saquen sus propias conclusiones, como yo saque las mías en su día.
Créanme que no es intención de este pregonero resumir de forma biográfica su paso por la Hermandad, pero es que es inevitable, que me aflore tantos y tantos recuerdos vividos en el seno de esta Santa Hermandad del silencio, que me es imposible no hacer mención a algunos de ellos y de paso hacerme valer de éstos para dar público testimonio de cómo yo siento y vivo mi Hermandad. Miércoles Santo Aunque suene a tópico, me faltan palabras para describir las sensaciones producidas, cuando a las once en punto, y tras los tres golpes en el aldabón de la puerta de Santa María, el Mayordomo de paso invoca el nombre de la Hermandad y tras la llamada al silencio, se abren las puertas de la Colegiata, a la vez que cae el toldo delantero, donde otrora se montaba el paso de nuestros titulares y meciéndolo con suavidad a golpe de caja, empiezan a desfilar en acto de penitencia, hombres y mujeres cubiertos por el sagrado habito de la Hermandad, entre luces de cirios rojos, atributos y olores de incienso, comienza el desfile procesional de la del Silencio.  La Ciudad histórica, acoge en ese incomparable marco que es la plaza de la Duquesa de Parcent el más de los absolutos silencios, silencio solo roto por el cadente sonido del arrastre de las cadenas de los penitentes, mientras que de las entrañas de Santa María, se oye el canto gregoriano y el tañido de sus campanas doblar, anunciando la muerte de Nuestro Señor. Sé que la madrugá empieza el Jueves Santo, pero que queréis que os diga, para éste que os habla, la madrugá, o cuando menos mi madrugá, empieza el Miércoles Santo.

Resulta llamativo ver durante el desfile procesional, como la gente agolpada en las aceras para ver su paso, se hace cómplice del silencio y recogimiento transmitidos, mandando callar al de al lado, si se da el caso, en la observancia de ceñirse a ese recogimiento. Como digo, resulta llamativo y alentador, comprobar que el paso del desfile procesional de la Hermandad del silencio, no deja, cuando menos, indiferente a nadie.
Y si de recogimiento estoy hablando, hay uno que tiene un carácter muy especial, para mí, es cuando de vuelta a Santa María, ya sin apenas gente en las aceras, atravesando el puente, en esa plasticidad, que sólo Ronda puede ofrecer, donde lo estético y lo espiritual se unen, para hacernos sentir más si cabe al Cristo y a la Virgen y con ellos a nuestra Hermandad. Creo, y así quiero compartirlo con todos vosotros, que si hay un momento de mayor recogida durante el desfile procesional en general y de cada uno en particular, no me cabe la menor duda que es ese y en ese momento.
Si hablar de la salida, me supone costoso por lo emotivo del momento, ¿como hablar resumidamente del encierre, cuando ya cansados, vuelven a crujir varales subiendo la cuesta del juzgado al escuchar la voz desgarradora de ¡AHORA EMPIEZA!, personalmente es sencillamente imposible, o por lo menos yo no sabría expresarlo, si es que los sentimientos se pueden expresar con el rigor literario que estos demandan. Es por lo que dejo para vosotros este momento, y otros tantos que en esa madrugá del Miércoles Santo los vivimos y percibimos de forma muy personal y particular, esperando que ésta y otras emociones afloren en cada uno de nosotros. En memoria
Antes de terminar este pregón, y como de ser agradecidos es, de bien nacidos, me gustaría dedicar un recuerdo muy especial a título de pequeño homenaje, amén de los ya mencionados, a esas personas, hermanos y a otros tantos, que no por olvido y sí por no dilatar más en el tiempo este acto, ocupan un lugar en mi corazón, fueron ellos los que también y de una forma más o menos directa, formaron mi persona y albergaron el sentimiento cofrade, que hoy he querido haceros participes a vosotros.
No, no puedo olvidarlos, aunque a decir verdad a algunos de ellos los haya contemplado en la calle contadas veces en mi vida, pero todos ellos son, como a mí me gusta llamarlos, los míos, mi gente, mis más cercanos hermanos, los que junto a mi Hermandad dieron testimonio de fe a lo largo de su ejemplarizante vida, los que gracias a ellos nuestra Hermandad goza de buena salud y se encuentra hoy por hoy en el lugar que le corresponde.
Gracias a todos ellos, a los que están y a los que ya no se encuentran entre nosotros, y que tanto en la actualidad como en otros tiempos, hacen e hicieron por mantener, mejorar y transmitir la Hermandad, y a nosotros, hacernos mejores personas. De todo corazón, gracias.Y ya para finalizar, y en la esperanza de no haber abusado de vuestra presencia, de vuestra exquisita atención y sobre todo de vuestra gran paciencia, os pido disculpas por los posibles errores cometidos, os aseguro que empeño, y cariño salido del corazón, le he puesto, para compensar la quizás pobre narrativa desplegada. Igualmente, os envío un abrazo y os invito a vivir a través de nuestra Hermandad la Semana Santa en toda su dimensión, significado, esplendor y belleza procurando que, aunque sea al menos por unos días, aunque lo deseable sería de por vida, que nuestros resentimientos, nuestras envidias y nuestros egoísmos queden sepultados en el destartalado baúl del olvido y den paso a la tolerancia, la paz y el perdón para, de esta forma, asemejarnos siquiera un poquito al que tuvo la inmensa generosidad de darlo todo por nosotros, incluso la propia vida.

Hasta la cumbre y ahora empiezo.

BUENAS NOCHES Y MUCHAS GRACIAS

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